"10:40 MAJOR TOM" de Gustavo Abascal
"LIVRES D´ARTISTES, L´INVENTION D´UN GENRE. 1960 - 1980" Parte II.
Inauguración JUEVES 29 de MAYO. 19:30 HORAS
Del 29 de mayo al 23 de junio, 2008.
Artistas participantes: On Kawara, Adriana Riquer, Gabriela Rodríguez, Marco Arce, Luis Hurtado, Andrea M. Medina, Roni Horn. Proyecto: Analía Solomonoff/LAST.
En agosto de 1997 viajé a Paris. Si no mal recuerdo me pagué el boleto de avión y la estancia trabajando, en Roma, como babysitter y con algunos de los que deben haber sido mis primeros encargos como diseñadora gráfica.
En ese entonces la Bibliothèque Nationale de France había montado una exposición titulada Livres d’artistes, l’invention d’un genre 1960-1980. De la exposición conservo un catálogo (me costó 30 francos). En la página 28, junto a la ficha técnica que describe uno de los libros exhibidos hice una anotación. Transcribo tanto la ficha como mi nota.
253. On Kawara. I Went, I Met, I Read, Journal. 1969. Köln, Buchhandlug Walther König, 1992. 300 ex. 4 vol. 28 x21,5 cm, non paginés. Emboîtage cartonné.
4 libros
I read - ¿?
(me imagino que las cosas que leyó día x día en 1969)
I met - Las personas que conocio día x día)
I went - Mapa de NY con el trazo en rojo de los lugares a los que fue día x día
Hace unos 8 meses, César me invitó a conocer su biblioteca y consultar los libros que quisiera. Encontré el libro de On Kawara que había visto en la exposición, 10 años antes. Lo hojeé despacio y regresé a casa a buscarlo por internet para comprarlo. No lo ordené (£240 4 boxed volumes) porque mi tarjeta estaba a full y como planeaba renunciar a mi trabajo tenía que ahorrar. Resignación.
No conecté estos dos eventos sino hasta hace 4 días cuando, buscando referencias para escribir un texto de presentación para la exposición, recordé la existencia del catálogo y hojeándolo llegué a la página 28.
Nada mejor que lo que acabo de contar para entender el sentido de esta exposición y de los artistas que la integran. Cada uno se conecta conmigo. ¿Por qué libros? Porque los colecciono y por supuesto no los he leído todos, pero me gusta tenerlos, acordarme de uno, buscarlo y confirmar que son parte de mí. Los compro por la encuadernación, por su diseño, por la temática, por el papel en que fueron impresos, porque me los recomendaron, porque me gustan y ya. ¿Por qué de artistas? Porque antes que nada son amigos (o libros de artistas que compraron amigos), porque me gusta su obra y porque son libros.
Los cuadernos rojo y azul de Adriana me recuerdan a la pared que rayoneó en Art & Idea junto con los demás integrantes de Bondarchuk y la imagino sentada en el despacho de abogados, un poco aburrida, dándole sentido a las horas de recepcionista rayando con tinta roja, tinta azul, un cuaderno Scribe.
No paré de reir con El Cuaderno de Mosquitos de Luis y lo compré. Faltaba mucho para presentar mi renuncia.
Marco Arce y Roni Horn son producto de una larga tarde compartida en el estudio del primero. Hablamos de su obra, de los libros y de pronto apareció con muchos, muchos libros de Horn; y llegué a casa a las 10 de la noche.
La caja de madera que contiene acetatos es de Andrea, el objeto en sí se antoja y los dibujos son monstruos, manchas, color y todos en transparente unión. Además las dos hacemos yoga y no dejamos de compartir extensas conversaciones del cuerpo y la vida.
El libro de Gaby fue el primer libro de artista que compré. Fuimos a comer a Café Tacuba. Creo que me costó $1,500, o ¿fueron $3,000?
On Kawara, ya confesé por qué.
Dicen que las segundas partes nunca son buenas. No me importa.
Analía Solomonoff. Ciudad de México, 2008
Agradecimientos: Marco Arce, César Cervantes y Marco Rountree.
Del 29 de mayo al 23 de junio, 2008.
Artistas participantes: On Kawara, Adriana Riquer, Gabriela Rodríguez, Marco Arce, Luis Hurtado, Andrea M. Medina, Roni Horn. Proyecto: Analía Solomonoff/LAST.
En agosto de 1997 viajé a Paris. Si no mal recuerdo me pagué el boleto de avión y la estancia trabajando, en Roma, como babysitter y con algunos de los que deben haber sido mis primeros encargos como diseñadora gráfica.
En ese entonces la Bibliothèque Nationale de France había montado una exposición titulada Livres d’artistes, l’invention d’un genre 1960-1980. De la exposición conservo un catálogo (me costó 30 francos). En la página 28, junto a la ficha técnica que describe uno de los libros exhibidos hice una anotación. Transcribo tanto la ficha como mi nota.
253. On Kawara. I Went, I Met, I Read, Journal. 1969. Köln, Buchhandlug Walther König, 1992. 300 ex. 4 vol. 28 x21,5 cm, non paginés. Emboîtage cartonné.
4 libros
I read - ¿?
(me imagino que las cosas que leyó día x día en 1969)
I met - Las personas que conocio día x día)
I went - Mapa de NY con el trazo en rojo de los lugares a los que fue día x día
Hace unos 8 meses, César me invitó a conocer su biblioteca y consultar los libros que quisiera. Encontré el libro de On Kawara que había visto en la exposición, 10 años antes. Lo hojeé despacio y regresé a casa a buscarlo por internet para comprarlo. No lo ordené (£240 4 boxed volumes) porque mi tarjeta estaba a full y como planeaba renunciar a mi trabajo tenía que ahorrar. Resignación.
No conecté estos dos eventos sino hasta hace 4 días cuando, buscando referencias para escribir un texto de presentación para la exposición, recordé la existencia del catálogo y hojeándolo llegué a la página 28.
Nada mejor que lo que acabo de contar para entender el sentido de esta exposición y de los artistas que la integran. Cada uno se conecta conmigo. ¿Por qué libros? Porque los colecciono y por supuesto no los he leído todos, pero me gusta tenerlos, acordarme de uno, buscarlo y confirmar que son parte de mí. Los compro por la encuadernación, por su diseño, por la temática, por el papel en que fueron impresos, porque me los recomendaron, porque me gustan y ya. ¿Por qué de artistas? Porque antes que nada son amigos (o libros de artistas que compraron amigos), porque me gusta su obra y porque son libros.
Los cuadernos rojo y azul de Adriana me recuerdan a la pared que rayoneó en Art & Idea junto con los demás integrantes de Bondarchuk y la imagino sentada en el despacho de abogados, un poco aburrida, dándole sentido a las horas de recepcionista rayando con tinta roja, tinta azul, un cuaderno Scribe.
No paré de reir con El Cuaderno de Mosquitos de Luis y lo compré. Faltaba mucho para presentar mi renuncia.
Marco Arce y Roni Horn son producto de una larga tarde compartida en el estudio del primero. Hablamos de su obra, de los libros y de pronto apareció con muchos, muchos libros de Horn; y llegué a casa a las 10 de la noche.
La caja de madera que contiene acetatos es de Andrea, el objeto en sí se antoja y los dibujos son monstruos, manchas, color y todos en transparente unión. Además las dos hacemos yoga y no dejamos de compartir extensas conversaciones del cuerpo y la vida.
El libro de Gaby fue el primer libro de artista que compré. Fuimos a comer a Café Tacuba. Creo que me costó $1,500, o ¿fueron $3,000?
On Kawara, ya confesé por qué.
Dicen que las segundas partes nunca son buenas. No me importa.
Analía Solomonoff. Ciudad de México, 2008
Agradecimientos: Marco Arce, César Cervantes y Marco Rountree.
BESTIARIO SENTIMENTAL DE AMOR MUÑOZ
BESTIARIO SENTIMENTAL
Un bestiario es un compendio ilustrado que describe animales, plantas e incluso rocas. Estas descripciones incluyen muchas veces juicios morales que corresponden a la dimensión cultural del conocimiento en la Edad Media. Los bestiarios fueron trabajos rigurosos concebidos con una intención descriptiva, la de mostrar en todo momento a seres que "realmente" existen.
Son muchas las referencias de culturas que utilizan representaciones de atributos humanos en animales y viceversa. En ciertas regiones orientales, el Samsara o la rueda de la vida, simboliza este mundo tal y como lo conocemos: Un gallo cazando a un cerdo, que caza a su vez a una serpiente que trata de cazar al gallo, es decir, el deseo, la posesión, el miedo, el odio y la ignorancia, ubicados en el centro del Samsara, representan el primer nivel del ser humano como un ente que se guía a base de impulsos y emociones.
En esta exposición Muñoz presenta una serie de retratos íntimos y cotidianos en los que sobrepone una cualidad animal-emocional a colegas, amigos, conocidos y amantes como seres hechos de sentimientos, representados en diversos roles de interacción con la artista. A cada retrato corresponde un carácter animal, y cada cuadro conforma una parte del todo, es decir, de una taxonomía sentimental.
Pareciera un pleonasmo el significado del nombre de la artista, cuando advertimos en su trabajo los motivos sentimentales, eróticos, pornográficos y el autorretrato en la producción de su obra. El amor se inscribe a una especie de suerte oscilante en un campo común, universal.
En el acto de retratarse la artista se observa a sí misma, descubriéndose no como sujeto sino como persona, su mirada en el espejo es la que le garantiza que existe como un ser real, sin dejar de lado el constante juego de reinventarse en diferentes personajes.
Por Alejandra Pérez Peña
HASTA EL 23 DE MAYO
Un bestiario es un compendio ilustrado que describe animales, plantas e incluso rocas. Estas descripciones incluyen muchas veces juicios morales que corresponden a la dimensión cultural del conocimiento en la Edad Media. Los bestiarios fueron trabajos rigurosos concebidos con una intención descriptiva, la de mostrar en todo momento a seres que "realmente" existen.
Son muchas las referencias de culturas que utilizan representaciones de atributos humanos en animales y viceversa. En ciertas regiones orientales, el Samsara o la rueda de la vida, simboliza este mundo tal y como lo conocemos: Un gallo cazando a un cerdo, que caza a su vez a una serpiente que trata de cazar al gallo, es decir, el deseo, la posesión, el miedo, el odio y la ignorancia, ubicados en el centro del Samsara, representan el primer nivel del ser humano como un ente que se guía a base de impulsos y emociones.
En esta exposición Muñoz presenta una serie de retratos íntimos y cotidianos en los que sobrepone una cualidad animal-emocional a colegas, amigos, conocidos y amantes como seres hechos de sentimientos, representados en diversos roles de interacción con la artista. A cada retrato corresponde un carácter animal, y cada cuadro conforma una parte del todo, es decir, de una taxonomía sentimental.
Pareciera un pleonasmo el significado del nombre de la artista, cuando advertimos en su trabajo los motivos sentimentales, eróticos, pornográficos y el autorretrato en la producción de su obra. El amor se inscribe a una especie de suerte oscilante en un campo común, universal.
En el acto de retratarse la artista se observa a sí misma, descubriéndose no como sujeto sino como persona, su mirada en el espejo es la que le garantiza que existe como un ser real, sin dejar de lado el constante juego de reinventarse en diferentes personajes.
Por Alejandra Pérez Peña
HASTA EL 23 DE MAYO








ZOMBRA MONSTER. Zombra.
“En ciencias sociales, la anomia, es la falta de normas o incapacidad de la estructura social de proveer a ciertos individuos lo necesario para lograr las metas de la sociedad. Se trata de un concepto que ha ejercido gran influencia en la teoría sociológica contemporánea. También ha ofrecido una de las explicaciones más importantes de la conducta desviada. El término (etimológicamente sin norma) se emplea en sociología para referirse a una desviación o ruptura de las normas sociales, no de las leyes (esto último es "delito").” http://es.wikipedia.org/wiki/Anomia_(ciencias_sociales)
Zombra monster es un proyecto que se origina desde la introspección y las reflexiones de Zombra, escritor de graffiti, personaje anómico y arquetípico de una generación sin normas que tiende a la evasión a través de la violencia. En este contexto se da la disfunción emocional, la falta de referencias para determinar la relación entre el fin y los medios que se traducirán en su perversión. El medio como fin se torna violencia autodestructiva.
Zombra, el personaje, representa aquel ser que no logra encontrar su camino, aquel cuyo ensimismamiento le hace preso de su propia subjetividad. Ante el martirio del sentir del alma, Zombra se inclina impulsivamente hacia cualquier objeto, cuerpo, cosa viva o no que le asegure el placer entendido como un no sentir dolor, perder consciencia, borrar lo escrito. El personaje actúa intimidado ante la vida, preso de su propia fuga y obsesionado por calmar la angustia del desamparo. Del mismo modo podemos entender al escritor de graffiti, que actúa de noche cuando la vida se oculta para dar paso a los que no se atreven, obsesionado por pertenecer y dejándose ser de la única manera posible, gritando su existencia en bardas a lo largo de toda la ciudad. En ambos casos la locura deviene al intentar albergar el sentimiento oceánico, sentimiento de unión con el todo. El escritor de graffiti y el personaje se estremecen ante el desamparo y buscan cualquier medio posible que les conduzca a su fin. El medio deviene en fin.
Zombra se reafirma en el medio y lo hace suyo, lo vive, lo siente y lo muestra. Ante dicho suceso sólo nos queda la posibilidad de empatizar, fusionarnos con ellos para perder de vista el vacío y de esta manera sentirnos vivos a partir de la violencia que se genera en la sombra.
Eugenio Echeverría.
Zombra monster es un proyecto que se origina desde la introspección y las reflexiones de Zombra, escritor de graffiti, personaje anómico y arquetípico de una generación sin normas que tiende a la evasión a través de la violencia. En este contexto se da la disfunción emocional, la falta de referencias para determinar la relación entre el fin y los medios que se traducirán en su perversión. El medio como fin se torna violencia autodestructiva.
Zombra, el personaje, representa aquel ser que no logra encontrar su camino, aquel cuyo ensimismamiento le hace preso de su propia subjetividad. Ante el martirio del sentir del alma, Zombra se inclina impulsivamente hacia cualquier objeto, cuerpo, cosa viva o no que le asegure el placer entendido como un no sentir dolor, perder consciencia, borrar lo escrito. El personaje actúa intimidado ante la vida, preso de su propia fuga y obsesionado por calmar la angustia del desamparo. Del mismo modo podemos entender al escritor de graffiti, que actúa de noche cuando la vida se oculta para dar paso a los que no se atreven, obsesionado por pertenecer y dejándose ser de la única manera posible, gritando su existencia en bardas a lo largo de toda la ciudad. En ambos casos la locura deviene al intentar albergar el sentimiento oceánico, sentimiento de unión con el todo. El escritor de graffiti y el personaje se estremecen ante el desamparo y buscan cualquier medio posible que les conduzca a su fin. El medio deviene en fin.
Zombra se reafirma en el medio y lo hace suyo, lo vive, lo siente y lo muestra. Ante dicho suceso sólo nos queda la posibilidad de empatizar, fusionarnos con ellos para perder de vista el vacío y de esta manera sentirnos vivos a partir de la violencia que se genera en la sombra.
Eugenio Echeverría.












